Masonería FEMENINA hoy

Lo que denominamos como La Tradición es un conjunto de mitos, rituales y contenidos simbólicos, de origen ancestral que han persistido en el tiempo a través de la transmisión oral, mediante las órdenes iniciáticas, como es el caso de la masonería, también desde la mitología, de los cuentos y leyendas populares...

Las mujeres desde la más remota antigüedad han participado como tales en la transmisión de la tradición y en la búsqueda del conocimiento.


A pesar del largo lapso en el que su papel ha estado relegado y subordinado, existe hoy un espacio propio de mujeres, en el sí de la masonería, en el que se trabaja en el estudio de los símbolos, trasladándolo al pensamiento filosófico y a la construcción social.

Las mujeres formamos hoy día parte activa en la masonería liberal, tanto desde nuestra participación en Logias mixtas como en Logias exclusivamente femeninas. ¿Y nos preguntamos por qué masonería Femenina hoy?

Disponer de un espacio de trabajo masónico propio nos permite expresar como es nuestra búsqueda de conocimiento como mujeres iniciadas hoy, así como nuestro compromiso como mujeres y ciudadanas.

La ancestral vía iniciática con la práctica ritual, desarrolla la conciencia y trasciende la condición humana. Ello es un objetivo común en ambos géneros, pero ello también, puede compartirse más fácilmente cuando sus participantes son igualados por su condición de género...

En las Logias femeninas, el hecho que la totalidad de participantes sean exclusivamente mujeres, no supone ninguna modificación del ritual, pero este hecho crea una atmósfera, unas formas de hacer, que responde a nuestra propia condición.

Somos conscientes que la condición femenina responde a una primigenia y universal división social por sexos y por edades que dio paso a las múltiples clases y divisiones de la estructura social. La construcción de los géneros ha ido paralela al constructo cultural de los seres humanos a lo largo de la historia.

Fruto de esta larga trayectoria, en un mundo pleno de cambios, las mujeres sentimos nuestra condición femenina como un legado a reinventar para poder abrirnos paso en pie de igualdad a los hombres ya que una sociedad basada primordialmente en una supremacía de los valores adscritos al género masculino, requiere un importante dominio de ellos, muy a menudo en detrimento de los tradicionales valores adscritos al género femenino. No obstante en este contexto sentimos que ni el mundo ni nosotras mismas podemos perder el legado de los aspectos de la genuina feminidad que nos son tan cercanos y fáciles. Y es manteniendo los aspectos más deseables de esa genuinidad que nos desarrollamos inevitablemente en sociedad así como en la misma práctica del ritual.

Ciertamente un espacio compartido por mujeres posibilita un desenvolvimiento específico de los trabajos, donde no existe la cortapisa de la huella que supone la ancestral y marcada en fuego, subordinación acostumbrada respecto al poder masculino.

 El movimiento ilustrado y la consecución social de las divisas de libertad, igualdad y fraternidad se olvidó de la mitad de la población. Hoy las mujeres, después de dos siglos, hemos conseguido, cabe decir que con la ayuda de muchos hombres justos y sensibles, ese lugar de pleno derecho social. Pero al llevar a cabo esas libertades conseguidas, nos encontramos imitando a los hombres en un entorno social construido eminentemente con patrones masculinos y ello conlleva una falta de equilibrio para el conjunto. Es por ello que también necesitamos un espacio propio de trabajo y de reflexión para redefinir nuestra condición de mujeres y a la vez nuestra forma de aportar esa condición diferente, en plena igualdad, que el mundo no debe perder.

La identidad no es lo que fuimos, ni lo que creemos que somos; la identidad es cómo miramos al mundo y queremos mirarlo con ojos de mujer, con voluntad de entendimiento y de concordia, con el trato  de la igualdad y el respeto.

 Disponer de un espacio no mediatizado por el polo masculino, nos permite “vivir”, reencontrar y reedificar plenamente nuestra polaridad femenina y avanzar en la búsqueda de nosotras mismas como personas y también como mujeres, a través del ejercicio del método masónico.

 Trabajando al unísono bajo nuestra propia mismidad somos creadoras de un espacio propio. No es un lugar donde guarecernos de los rigores del mundo exterior. Estamos en este mundo y somos parte de él, de esta sociedad y como parte complementaria del hombre deseamos crear nuestra libre y propia palabra.

 Las masonas de la Gran Logia Femenina de España nos esforzamos  a formarnos en una nueva lectura del mundo, una lectura no  limitada por las ideas recibidas, el egoísmo, el individualismo, la autoprotección, sino abierta sobre el mundo, ese mundo que nos rodea y en el que vivimos. Pretendemos ser mujeres construidas, o por lo menos en vía de construcción y de fortaleza, según un método probado, lúcidas de nuestras propias posibilidades, impregnadas de nuestros deberes tanto como de nuestros derechos y sobre todo los de los demás, ciudadanas, en una palabra.

 Y como ciudadanas, una vez conseguidas cotas de igualdad jurídica,  como francmasonas, reclamamos un simbolismo de construcción que tiene por ideal la mejora de la humanidad, el rechazo del odio, así como la búsqueda permanente del diálogo y la práctica de la solidaridad, mediante una sociedad de paz y progreso.

 Nuestra acción se inscribe en el seno de una búsqueda de valores espirituales y morales y como eslabones de una cadena de iniciadas, tenemos un deber de vigilancia contra los ataques a la dignidad de la persona humana y, en primer lugar, de los más débiles y de los más desposeídos.

Y puesto que es necesario constatar que son las mujeres y l@s niñ@s, las primeras en estar amenazadas y las que sufren más duramente las discriminaciones, las opresiones y todas las formas de violencia, asumimos nuestro compromiso para que se respeten sus derechos, se garantice su seguridad, su integridad y su libertad.

 En ello va nuestra esperanza de una humanidad más solidaria y más ilustrada. En ello va nuestra capacidad de transmitir y de permitir a todas las mujeres que sean iniciadas, para que puedan desarrollarse como personas y como mujeres a la vez, a través del método masónico.

 Muchas de nuestras antecesoras pioneras del pensamiento feminista en España, fueron mujeres masonas, comprometidas luchadoras. Es un honor para nosotras recoger su testigo y proseguir con el hilo que ellas nos legaron. Nuestra voluntad de contribuir a la mejora de la humanidad, nos lleva a hablar de “valores femeninos”, en una sociedad hoy tan carente de utopías y de valores.   

La sociedad patriarcal en la que vivimos se ha desarrollado sobre la base de la violencia y de la subordinación de las mujeres y ello ha impregnado todos los ámbitos de nuestras vidas, configurando una sociedad dominadora e injusta.

 Poder, Subordinación y Valores, son tres aspectos que han cabalgado juntos, desde hace más de seis milenios en contra de la vida y de la equidad.

 En base a esta dinámica, lo que tradicionalmente se ha relacionado con la Vida y su mantenimiento, ha sido atribuido al sexo femenino. Por tanto es la misma Vida la que ha quedado subordinada al Poder ejercido a través de la imposición de la fuerza y de la guerra que han sido el paladín de la Ley y el Orden.

El Orden establecido ha ido de la mano de la Ley y de su imposición por la fuerza. Cuando en realidad, el Orden es consubstancial a la Vida. Es el orden celular, el orden cósmico, el orden biológico... aquello que nos sustenta. A pesar de ello los humanos nos organizamos en base a un simulacro, en un espejismo de dominio y de supuesto progreso que está en contra de los valores superiores de la humanidad y al servicio de la avidez de ganancia, de poder y predominio.

Nuestra sociedad utiliza la moneda como el patrón de medida, que se ha convertido en el dios vertebrador de las vidas, y su valor se ha dislocado en manos del poder especulativo, que nos maneja convirtiéndonos en puras marionetas, situándonos hoy ante una crisis sin precedentes, en un sistema irracional abocado a la barbarie e insostenible.

La gente perpleja constata el derrumbe de la autoridad política, que debiendo reconducir la sociedad se ve impotente para hacerlo, apresada en su propia trampa, a causa de la perdida generalizada de valores que la ha llevado a un vasallaje indebido al poder económico, en el que está atrapada sin saber qué hacer con 23 millones de parados en la Unión Europea y más de 80 millones de pobres…

El modelo neoliberal basado en la ansia por el lucro y el desarrollismo imparable, abandona a su suerte a las clases medias europeas que ya no necesita para que consuman y que tanto requieren de la carestía de los servicios del Estado del Bienestar. Los jóvenes, ellos que son el futuro, son las principales víctimas del momento, así es el mismo futuro el que está en peligro. Fracturados por “rupturas estratégicas” para un nuevo reparto, que lleva a mayores desigualdades entre pocos ricos cada vez más ricos y muchos más pobres cada vez más pobres.

 Esta crisis sistémica del mundo occidental que afecta a la tecnología, la economía, el comercio, la política, la democracia, la geopolítica, el cambio del clima con un considerable aumento de catástrofes naturales, el medio ambiente, la cultura, los valores, la familia, la educación, etc.; está generando un aumento del miedo y del resentimiento; la gente vive en estado de ansiedad y de incertidumbre, se siente, y con razón, amenazada por la posible pérdida de empleo, pérdida de las garantías de protección social; en un estado de inseguridad generalizada… que se transforma a menudo en rechazo hacía los “otros”, inmigrantes, con un visible aumento de la xenofobia.

 Más allá no es posible avanzar, ha llegado la hora de reinventar la política y de imaginar el mundo. Para ello hemos de preguntarnos ¿qué clase de mundo queremos habitar?  ¿Qué quiere decir realmente progreso? Siendo hoy, éste, un término anacrónico de la época moderna, aún hoy peyorativamente, lo relacionamos como algo bueno per se, como imagen de mejora, de avance en el camino de la equidad. Pero es en la equidad en donde es necesario poner el enfoque.

Paradójicamente dos causas significativas de la situación anómala por la que atraviesa el mundo son el neoliberalismo, hijo del liberalismo, que cabalga rampante y salvaje sin bridas que lo retengan y conduzcan; y otra aún más profunda, las relaciones culturales de dominio, acaparación, ganancia y sometimiento, ancestralmente constituidas por un sistema de poder jerárquico y patriarcal. Paradójicamente ambos males están íntimamente incardinados con sus bonanzas, en el mismo sistema que los generó.

Hoy más que nunca es necesaria la refundación de los mejores valores de la cultura y ello solo puede hacerse mediante su plena y sincera asunción. 

Los valores Ilustrados y sus tres divisas: Libertad / Igualdad / Fraternidad,  dieron paso a la posibilidad de reivindicación igualitaria de las mujeres y son precisamente antagónicos a los males que nos acechan: Poder/Subordinación/ Especulación y pérdida de valores.

Hoy las mujeres estamos conquistando la Igualdad y para ello nos vemos obligadas a adoptar el modelo anómalo de poder y subordinación que ha estructurado la sociedad y que es dominante en todos los campos, nadando la mayoría de las veces a contra corriente y en contradicción con nosotras mismas.

De poco sirve la Igualdad sino se hace efectiva mediante la Equidad y la Justicia social. Para ello es necesario subvertir los valores, asumiendo, elevando y dignificando  aquellos que consideramos valores de vida, frente a otros basados en la conquista y la dominación que nos avocan a la muerte y al exterminio.

Son precisamente los valores de cooperación, empatía, ayuda, confianza... relativos a la Fraternidad los que han estado subordinados junto a la mujer. Son los que  hoy queremos reivindicar para compartir tod@s, para que penetren en el magma de la red social, para que configuren el hilo del tejido que conecte y sustente  las acciones y  las relaciones sociales, para conseguir un mundo más equitativo, más vivo, más vivible para tod@s.

Los Valores Ilustrados que nos han traído hasta aquí, interpretados en clave “femenina”, nos llevan más allá. Hacia una inaplazable y profunda transformación cultural, que impregne todos los roles e instituciones sociales.

A un Mundo para la Vida, en lugar de para la Muerte, un mundo capaz de hacer realidad los valores de Paz, de respeto a la Naturaleza mediante unas relaciones comunales basadas en la lealtad, la comprensión y el respeto al otr@, la compasión  y  los afectos... Para construir un nuevo modelo solidario de sociedad que rompa con todo aquello competitivo, agresivo del “todo vale”,  del individualismo atroz en el que nos encontramos.

La historia está hecha de la lucha incesante y a veces silenciosa de much@s seres anónim@s. Las verdaderas transformaciones sociales, como las que hemos protagonizado las mujeres en los dos últimos siglos en Occidente, no son vistosas, ni requieren de grandes consignas, son silenciosas y reales, se despliegan y desplazan en red, entre la empatía de las personas en el día a día.

Las mujeres hemos estado sometidas y subordinadas durante milenios, así hemos aprendido como se mueven los sutiles hilos de esa red horizontal, no desde el poder vertical. Hoy es desde la red relacional y no desde las jerarquías, que han de configurarse las trasformaciones, mediante enfoques más holísticos y abiertos, utilizando tanto la razón como la intuición.

Son las dinámicas sociales las que deben transformarse, “feminizarse”, lo cual puede suponer un alivio tanto para mujeres como para hombres. Basta de proseguir por una vía pensada en base a la naturalización cultural de la injusticia, una vía que tiene un techo, el de la extinción de la vida humana en el planeta.

Basta ya de esta carrera dislocada hacia ninguna parte que confundimos con el progreso. Pensemos en la Vida en mayúsculas como valor de referencia.  Cambiemos el sentimiento/concepto de poder, por el de goce y fluidez de la Vida misma. ¿Cómo empezamos?: nombrándolo, deseándolo, proponiéndolo, practicándolo en nosotr@s mism@s.

Hemos de dejar supeditar los valores a los intereses. La ética ha de reincorporarse a la cotidianidad. La historia es un trenzado de transferencias de poder, sospechamos que en las sociedades igualitarias matrilineales, el poder era el de la propia vida. Mientras hay Vida hay esperanza, trabajemos pues en pos de un cambio de modelo de vida, de un cambio de civilización, de un mundo más equitativo y gozoso para tod@s, exento de dominadores y de dominados.

No se trata de que las mujeres conquistemos poder y lo ejerzamos al igual que los hombres, se trata de cambiar unas normas de juego que empezaron hace más de seis mil años. Para ello hoy, hemos de empezar declarando, tal como propone Victoria Sau , la supresión del Patriarcado, sistema de carácter dominante y dominador que genera tanto sufrimiento no tan solo a mujeres, sino a la gran mayoría de seres humanos. Donde una vida relativamente fácil del 20% de la población mundial, sea a expensas de una mala vida del 80% restante y nadie sepa como remediarlo.

Tenemos los medios, faltan las sinceras voluntades para dar un vuelco transformador y desde aquello que nombramos como femenino podemos realizarlo, recuperando la utopía para ello.

Las mujeres somos una columna del edificio sociocultural, una columna que ha de ser fuerte, sabia y bella, para poder realmente equilibrar junto a la otra columna masculina, el sostén de la bóveda del edificio donde todas y todos cobijamos nuestras vidas. Esas dos columnas donde se asienta el presente y el futuro de la humanidad.

Gran Logia Femenina de España

Julio 2012